Una montaña llamada Ringana (II)

No dejo de pensar en todas las lecciones que me llevé ese día. Recuerdo bien que lo que me hacía moverme era, sin duda, pensar en la recompensa que nos habíamos programado Pilar y yo. Primero nos bañaríamos en las magníficas aguas del mar de Cortés y seguidamente nos deleitaríamos con un refrigerio en el chiringuito de playa que más nos gustaba.

Con Ringana es igual, tienes que tener bien claro cual va a ser tu premio y pensar en él, porque definitivamente necesitas un motor que te impulse, necesitas estar motivado, saber que hay una recompensa de la que luego podrás disfrutar, ya que si no, ¿Para qué tanto esfuerzo? Y ésta, debe de estar sobre tu mural de visión, tienes que sentir que ya la tienes, que ya la estás disfrutando, que ya es tuya.

No siempre el terreno era seguro, había unas partes donde la tierra se desprendía con facilidad, podías resbalarte en un abrir y cerrar de ojos y hacerte daño. Pilar me enseñó muchas cosas al respecto, me enseñó que debía localizar de entre todas, aquellas piedras que estaban bien sujetas y que eran justo donde tenía que ir poniendo los pies, comprobando en todo momento que se trataba de puntos de apoyo fijos e inamovibles. Poner un pie en el sitio equivocado nos puede suponer un riesgo innecesario. Es por eso que en Ringana, de la misma manera, lo mejor que uno puede hacer es seguir el camino que ya otros han recorrido y en ese camino saber discernir entre aquellos apoyos que son estables y en los que puedes sin temor a equivocarte pisar con tranquilidad. Podrás ir más lentamente o más rápidamente pero siguiendo la ruta establecida queda claro el lugar al que llegarás y que no te quedarás en el camino. Para mi, aquellos apoyos en los que puedo confiar sin duda son mis mentores y la propia Ringana.

Otro aspecto que me sorprendió bastante y que no conocía son los hitos. Se trata de montículos de piedras puestas una sobre otra. Las de mayor tamaño en la base, terminando por la de menor tamaño. Los hitos nos indican el camino, nos señalan perfectamente la ruta a seguir y cuando hay varias bifurcaciones se agradecen enormentente. Siguiendo con el símil, podríamos decir que los hitos en términos de Ringana, son las metas, los objetivos que nos proponemos mes a mes. Ellos son los que nos van señalando el camino, los que impiden que tomemos otra ruta que a su vez no nos lleve justo donde queremos ir.

Para finalizar y no menos importantes fueron los descansos que de vez en cuando hicimos. No se puede subir una montaña sin tener de vez en cuando tiempo para pararse, descansar, tomar aire y fuerzas para seguir subiendo y sobretodo también para disfrutar un poco de las vistas y de lo ya conseguido. Por eso es que vi igualmente importante elegir donde descansar, elegir un sitio bonito y agradable. Esto importa y mucho. Importa tomar aliento de vez en cuando, importa disfrutar de todos los logros que ya se han conseguido, importa que la parada valga la pena y no hacer un stop simplemente porque ya va siendo hora sino más bien elegir el lugar adecuado, el momento adecuado para reponernos del esfuerzo y seguir adelante con las pilas cargadas.

Llegué tan alto como me permitieron los balancines, a partir de cierta altura, casi llegando, el terreno se volvió más escarpado y no fue seguro continuar. Me di cuenta de que aún estando contenta por haber subido tan alto, casi la cima, me habría encantado hacer cumbre, no hubiera querido conformarme con menos pero no iba bien equipada. Aún así, pude observar, con razón, la mejor vista al océano del mundo, tuve incluso la suerte de que, aunque allí en el desierto es raro, empezó a llover y monte se desdobló en un abanico de olores a tierra y a plantas que nunca olvidaré. Guardé fuerzas para bajar que es más peligroso que subir y en mi caso, más cansado. Y puedo decir que, sin lugar a dudas, algo cambió dentro de mi, ahora sueño con subir montañas, con superarme a mi misma y con ponerme a prueba. Y a través de esa práctica subir otra montaña, llamada Ringana, desde cuya cumbre seguro que se admira un maravilloso paisaje, el de una vida dedicada a la superación y a forjar el carácter y ser de esas personas que convierte los «no puedo» en «sí puedo» y los «sueños» en «planes».

Postdata: gracias Pilar por llevarme de la mano, por ser mi guía y mi paciente amiga, por acompañarme en este ascenso y por otros muchos que están por vernir. Y gracias, como no, a ti, montaña sagrada, magnífico y majestuoso Tetakawi, te llevo en el corazón.

LAS DOS

Paz Endrino y Pilar Salazar en el Tetakawi, Sonora, México

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